martes, 17 de enero de 2017

De motos y el cumple de Almita Mijita


 El pasado domingo, 15 de enero, Almita Mijita, mi esposa, cumplió años. Como suele  hacer todo en la vida, los cumplió con un garbo y un donaire, que ya los quisiera cualquier quinceañera que no fuera Ruby, porque a ella, hasta le regalaron un carro.
Un día antes, el sábado, junto a treinta amigos, viajamos en moto al Fuerte de Los Montesclaros, Sinaloa, un pueblo mágico.
Viajar en moto es una experiencia inolvidable. Cuando me preguntan porqué, yo no encuentro otra explicación que no sea compararme con un perro, cualquier perro, sacando la cabeza por la ventana de un auto o por la caja de una pickup, lo disfrutan muchísimo, ¿verdad?
Como sea, viajar en moto requiere de todos los sentidos puestos en la carretera, previendo cualquier cosa que pueda pasar con antelación, porque los accidentes suelen ser dolorosos. Entonces ahí va uno, sin pensar en otra cosa que no sea lo que hará el tráiler de enfrente o como frenará el vehículo que viaja en tu mismo sentido o cuidar que en la curva no se te vaya aparecer nadie invadiendo tu carril. Es decir, ni siquiera tienes tiempo de pensar en el aumento de la gasolina o en que Donald Trump nos tomó a los mexicanos de sus puerquitos mientras, el flamante nuevo e inexperto (él lo dijo) Secretario de Relaciones Exteriores, Luís Videgaray, compra un cajón de bolero para darle ídem al futuro presidente de los Estados Unidos, lo cual es una absoluta vergüenza.
Y pasó como Videgaray, en este grupo, viajó por primera vez un Doctor del cual no digo su nombre, quien antes de llegar al Fuerte, tomó una curva con poca pericia y terminó en el suelo. Las lenguas de doble filo dicen que antes de iniciar el viaje, preguntó como se toman las curvas y el Nacho Miranda, le aconsejó: “tómala de frente, y así la cortas”.
Las motos suelen ser peligrosas, sobre todo porque mucha gente piensa que son un poco más que las bicicletas pero mucho menos que los carros y, hasta los que vienen en vocho, te pierden el respeto y eso es grave.
Tengo una amiga de Facebook, médica internista, quien me dice que las motos son cosas del diablo y yo suelo responderle que vivir en sí es peligroso, y, hasta me da la razón cuando me cuenta que en el Hospital del IMSS, Luís Donaldo Colosio, justo en la entrada, existe un techo que se cae a pedazos y nadie hace nada por repararlo. A ella misma y a un compañero, estuvo a punto de apachurrarlos una plancha desprendida desde las alturas. Cancelaron unos días el paso con una cinta amarilla y, sin hacer nada, lo volvieron abrir. Digo, cuando menos en la moto, puedes prever ciertas cosas y divertirte, pero, que te caiga un pedazo de techo en un hospital, creo que es poco divertido.
Un amigo me dijo; “Eso de tener moto a tu edad, es para querer llamar la atención de los mujeres, como el que se compra un auto deportivo: se ven ridículos” Pues fíjense que no; si usted piensa en comprar una moto para llamar la atención de alguna mujer, está sumamente equivocado. Le podría pasar como a un motociclista que invirtió una buena cantidad comprando las maletas para su moto (esas cajas que traen atrás para viajar) y, en la primera estacionada una señora joven y guapa le preguntó: “¿Es suya la moto?”, a lo cual mi amigo hinchó el pecho y respondió que sí, para que luego la misma señora agregara: “¿Y que vendes, pizzas o sushis?”. Para el 99% de las mujeres la moto solo sirve para eso, así que, si tiene esas intenciones, mejor compre un Mustang.
El Pixie, ajonjolí de muchos y selectivos moles, consiguió entrada a conocer la presa Luis Donaldo Colosio o Huites, la cual es una verdadera maravilla de ingeniería.
El caso es que, luego de rodar 700 kms., llegué a mi casa y alcancé la comida que mi carnal y compadre José Carlos preparó para la Almita, una discada para chuparse los dedos.
Yo estaba feliz viendo a mi esposa muy contenta, rodeada de sus hermanas y de su madre, de Romina nuestra hija que viene a dar un curso de pintura mural, además de amigos y familiares y, viendo su felicidad, me prometí trabajar el doble este 2017, sin importarme el gasolinazo o que el dólar esté a 22 pesos. Creo que esto, de las repetidas crisis en México, solo se resuelve en la medida en que uno le eche ganas, cumpla con lo su parte ciudadana y, además, trabajando muy duro.
No hay de otra. Felicidades para Almita Mijita.




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