miércoles, 8 de marzo de 2017

Las eclécticas voces en Spray de Hugo Schwarzbeck



El arte urbano, cuyo precursor es el grafitti, fue la opción de los artistas sin nombre, aparecidos en la década de los 20s en Nueva York,  para mostrar su arte en cualquier muro, en trenes, espacios públicos o privados, acomodado a las intenciones de los artistas plásticos de mostrar su obra. 
Así, nace esta expresión con dos premisas fundamentales: democrática, pues al estar en la calle está al alcance de todos y dos, ilegal porque, para la gran demanda de los artistas para mostrarse, pocos eran los lugares donde “rayar” y por tanto lo hacían subrepticiamente, en las madrugadas, en equipos o solitarios, cuidándose siempre de la ley (autoridad) y su memorable carencia de sensibilidad.
Pero como sucede en el arte, la evolución es prioridad de crecimiento, y es entonces que a últimas fechas, como propuesta alternativa, regresa a los orígenes y recientemente los artistas plásticos del Street art, buscan las galerías para, en primer lugar, quitarle lo efímero a su propuesta, darle permanencia en espacio y tiempo y también, obviamente, vender obra y continuar produciendo en la subsistencia decorosa, algo ya difícil per ser en el oficio.
De esta manera, a Cajeme llega un joven artista urbano, originario de la región (o cuando menos su familia) y que regresa a mostrarnos su producción llamada Voice-Spray y hacerla accesible a quien desee adquirirla, porque, debo insistir, de exposiciones y aplausos no pueden vivir estos artistas.
Y, oh dios menor de los artistas, si a Cajeme, donde la obra se vende la mayoría de las veces acorde al color de los sillones o la alfombra, recibir un grito de libertad distinto es una bendición casi inmerecida. Y, si acostumbrados como estamos a la repetición de los esquemas que comercialmente venden, por parte de ciertos y cuales artistas, conocer y reconocer lo diferente, lo atrevido y libre, nos inclina (y tal vez obliga) a despertar
Hugo Schwarzbeck conocido como ASPIR (mote ASPIRacional),  presenta su obra en Ciudad Obregón, luego de hacerlo en muchas ciudades de Estados Unidos, Europa y, cómo no, también de México, misma que también, hay que decirlo, antes había expuesto en el mejor Museo de Sonora, el MUSAS con bastante aceptación.
Debo aclarar que mi curiosidad por  su obra, nació de un mural realizado en Hermosillo, del cual su coetánea, Romina Bécker me alertó: “Sigue sus pasos” me dijo y lo hice con mucho gusto, sorprendido por la mezcla postmodernista, donde los “retratos” entremezclados en trazos abstractos de gran fuerza y colores sorprendentes le dan una profundidad de impacto.
Sin embargo debo aclarar que, para mi gusto, en esta exposición su curador se olvidó de la coherencia en la narrativa temática y trataré de explicarme.
Llegué a la casa de la familia Bórquez Schwazberck donde instaló la obra, y como buen inexperto, intenté caminarla sin rumbo fijo, admirando sus cuadros a como iba avanzando. Pronto, alguien me instruyó: Tienes que empezar detrás de esa puerta, señalando un pasillo truncado, para luego seguir por la sala, luego el área del comedor, luego en el pasillo donde me encontraba en ese momento y al final, la obra expuesta en el patio y al aire libre, para que la entiendas, me recalcaron.
Perfecto, me dije, o quizá me predispuse: La obra tiene un hilo conductor.
De inicio observé dos cuadros: Arrogancia del Frijol e Intelectual, el primero acrílico y aerosol y el segundo mixto sobre tela, donde muestra un perro con lentes y en el otro un gato volador.
Luego, me topo con unas creativas sillas hechas precisamente con latas vacías de aerosol, que me parecieron sumamente originales.
Entonces, la secuencia se interrumpe con un cuadro completamente abstracto, “On fire” para luego cambiar a dos de los mejores y satíricos cuadros (ser irreverente es sine qua non condición del arte urbano), con obsession 1 y 2, donde muestra, aves en medio del paisajismo urbano de mallas antirrobos y postes telefónicos.

En Misterio de Trasmilenio, Hugo plasma a un artista urbano con el rostro oculto en las sombras del gorro de una chamarra y texteando en su celular y, de fondo una obra netamente de Street Art. No lo sé de cierto, pero, será acaso una manera de homenaje a Banksy, el artista trasmilenial de reconocida obra mundial pero del cual pocos conocen su rostro. Puede ser.
“Octupus”, mixto sobre papel Fabiano, me prendió: un pulpo abraza un corazón y, en su periferia corporal, ininteligibles letras que demuestra, para mi punto de vista, el corazón de la escritura, imbricada, dolorosa y profundamente tallada a la carrera luego de darle vueltas y giros en el razonamiento. ¿Estoy mal? No lo sé, pero en mi defensa debo aclarar que, el arte es eso, una interpretación desde tu propia cosmogonía y etnocentrismo, punto. El caso es que, como ocurre casi siempre en mi vida, el “vidamía”  o sea yo, lleguó tarde: obra vendida.
Luego espejos, grafitti  puro sobre lienzo, To the next, aerosol con acrílico y contra todos, una mezcla temática y ecléctica disociada del resto de la obra.
De pronto, una instalación: Fat Cap, que es su escalera, sus latas de aerosol, algo como una pashmina, una gorra y su maleta de artista. Excelente.
“En mi arte es absurdo”, gran formato mixto sobre tela, Dalí, supongo una de sus influencias, está presente donde el retrato es perfecto, aún cuando no encontré el pretexto de su imagen en el discurso. Habría que preguntarle al artista.
El amor filial es evidente en Manzano, retrato de Héctor Durón, su primo, con un excelente retrato mixed media en canvas, excelentemente logrado donde, para quienes conocemos a Hectorín, sabemos de esa expresión tan suya que Hugo captó a la perfección.
Luego, el eclecticismo total: en la mesa, dibujos seriales con distintas técnicas, desde la crayola, acrílico y ¿acuarela?, hasta llegar al lápiz o grafito, seriadas pero sin parecer series, lo cual pareciera muestrario de ideas en trazos pequeños de lo que pronto estará en algún muro.



Dos acuarelas tienen fuerza inusitada, a pesar del yermo blanco que domina el lienzo; “Hey you” y Penélope son sin duda de mis preferidas, aún cuando algunos pensarían que el lienzo domina en espacio sobre los colores. Cuestión de enfoques de vaso medio lleno o vacío.

¿Frida Khalo? Sin palabras, porque ella, se repitió a la nausea del infinito y entonces, una más, no me cuadra dentro de la obra. Sorry, estoy hasta el Keky de Frida y sus miles de imitadores
Otra de sus piezas muy bien logradas, es Wanderlust, Acrílico sobre madera, donde el hilo entretejido en un mapamundi vuela a mil suposiciones y conectividades.

En el patio, lugar donde las autoridades, Faustino Félix alcalde, Mario Welfo del ISC, Rubén Matiella de MUSAS, Martha Schwazberck de la fundación Bórquez Schwazberck, Balva de los mismos apellido de UNIFRAT (beneficiaria de un porcentaje de la obra vendida) y el propio artista, inauguraron la muestra, nos topamos con la exposición de 5 points NY, su Tag sellado en un muro de artificio, con sus atemorizantes vallas de navajas, y, colores brillantes de verdes, azules y rosas que firman, con perdón del pleonasmo, la alegre contundencia de este chamaco de 28 años, que tiene un esplendoroso camino por delante.

Si el curador quiso hacer un muestrario de técnicas y temáticas de Hugo, una especie de catálogo o recopilación de las capacidades del artista, bien por él aunque sorprenda la falta de hilación, empero, de cualquier manera, la obra de Schwazberck es digna de darle otra repasada, ahora en MUSOR a partir del 7 de marzo, porque este cajemense-sonorense-mundano, tiene futuro y es hoy, cuando podremos apreciarlo, ¿luego?, no sabemos hasta donde podrá llegar, porque alas, tiene y muchas.



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1 comentario:

  1. Gracias por la reseña Beker, Se nota el oficio y el trabajo del artista.

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