domingo, 12 de marzo de 2017

Cócorit no se vende

 El día que cumplí 19 años, hace ya mucho de eso, nos cambiamos de casa desde Ciudad Obregón a Esperanza, Sonora. Unos días antes, mi padre había comprado la casa que hasta la fecha pertenece a la familia, argumentando que el terreno era enorme comparado con los de Obregón, que tenía árboles frutales y que mi madre sería feliz con eso y con sus flores.
Yo le dije: pues podríamos mejor haber comprado en Cócorit, a lo cual me respondió: “ahí, ni gasolinera hay”. Y era verdad, en lo que antes fue la cabecera municipal, había una bomba expendedora de combustible que con el tiempo cerraron, y si acaso el pueblo era memorable por la feria de San Juan y por los bailes en la plaza, pero hasta ahí.
En ese entonces, los terrenos de Esperanza eran muy baratos, pero los de Cócorit lo eran aún más.
Muchos de los habitantes originales, se mudaron a la ciudad por cuestiones de escuelas de los hijos, o por la comodidad de los servicios o porque, recordemos, en ese entonces solamente existía una calle pavimentada, la principal,  que daba vuelta alrededor de la plaza. Creo que un canal cruzaba algunas calles, con lo cual los mosquitos prácticamente te comían.
En el año 2010 busqué la manera de comprar una casa en Cócorit. En ese tiempo, algunos pocos habitantes de Ciudad Obregón había adquirido viejas casonas, y se escuchaba desde entonces que pronto se convertiría en Pueblo Mágico.
Entonces y a pesar de no tener aún la categoría, los habitantes del pueblo creyeron a píe juntillas que así sería y, por lo pronto, los precios de las casas y los terrenos se fueron por las nubes. En ocasiones (y aún ahora), las transacciones eran más caras por metro cuadrado que lo que sería adquirirlas en una de las colonias popoff de Ciudad Obregón.
En lo personal me tocó estar cerca de dos casas que quise comprar, sin suerte, allá por el año 2010. Una de ellas, primero la vendían en 1 millón y medio de pesos y la terminaron vendiendo en el triple a alguien cuya familia había residido ahí a mediados del siglo XX, y la otra, me la ganaron porque me faltaban unos cuantos miles de pesos que el banco no quiso prestarme, por carecer las calles de pavimento y sus reglas hipotecarías lo impedían.
En mi búsqueda, me topé con casos muy curiosos: En un terreno de 20 x 50 metros, había un cuartito a medio construir, y al llamar a su habitante (no tenía puerta, sino una cortina de tela que hacía las veces de), un tipo que a todas luces se veía prófugo de la talacha y el jabón, me dijo que quería un millón de pesos. Al preguntarle porqué esa cantidad, si el barrio era tenebroso y olvidado de los servicios públicos, me dijo que habían tomado esa decisión porque eran 10 hermanos y cada uno quería 100 mil pesos. Bendito Dios que no fueron 15, le dije, porque menos lo van a vender.
En la colonia el Zapatito, una señora planeaba vender justo después de divorciarse del marido: “Por favor no le vaya a decir nada, porque él aún no lo sabe”, me dijo. Entonces se puso a sacar cuentas alegres, no de lo que realmente valía su propiedad, sino de lo que necesitaba hacer con ese dinero para reconstruir su vida, incluida casa nueva en Obregón, un negocio de belleza y otro de comida.
-       No pues- le dije – usted quiere vender mucho más caro de lo que realmente vale su casa
-       No – me respondió – si ya pronto va a ser Pueblo Mágico y va a valer una fortuna, aprovecheeeeee!!!
Cuando fui Director de Cultura me avoqué a buscar la manera de que eso sucediera; que se convirtiera Cócorit en Pueblo Mágico. Un funcionario de la Secretaría de Turismo, me mostró los requisitos: El pueblo no tenía un hotel de ninguna estrella, no tenía restaurantes, las calles no cumplían los requisitos de adoquín, no había un aeropuerto a máximo 15 km de distancia y no recuerdo cuantas trabas más.
Además de eso, creo fue en el 2013 ó 2014, cuando se suspendieron los nombramientos de Pueblo Mágico, porque, las inversiones federales que se llevan esos pueblos como tales, ascienden a muchos miles de millones de pesos, en apoyos, infraestructura, promoción, servicios y demás, que los convierten en sitios turísticos donde acude mucha gente, pero el Gobierno federal quería ahorrarse esos pesos.
Hoy, volvieron a implementar el programa. Hay más de mil pueblos solicitando serlo. La semana pasada, Guaymas se sumó a los intentos; Cananea, cuna de la revolución, está muy adelantada para lograrlo.
En todos y cada uno de los mil pueblos, existen personas luchando codo a codo con las autoridades para lograrlo. Se hacen inversiones, se remoza la infraestructura urbana y se buscan recursos para darle una manota de tigre a las poblaciones, sabiendo que, de lograrlo, el caudal de inversiones federales se multiplicará, junto con las oportunidades.
Ah, pero en Cócorit las cosas no suceden de esa manera. Existe un grupo, que se opone a que la Plaza sea remozada, porque en el proyecto tirarían una escuela, misma que está justamente frente a otra, y la iniciativa privada está construyendo otra en una colonia donde es más necesaria, además, con muchas más ventajas para alumnos y maestros.
Ese es el pretexto que algunos pocos (muy pocos), mal informando a la sociedad, argumentando cuestiones xenofóbicas (ellos no nacieron aquí), utilizando a l@s niñ@s como escudo y pretexto (mismos que pronto deberán emigrar a otros lugares porque hoy por hoy, en Cócorit no existen oportunidades de educación de preparatoria hacía arriba y mucho menos empleo) y se autonombran “El Pueblo” y dicen que Pueblo manda.
En la semana, en unos cuantos de sus automóviles aparecieron con la leyenda de “Cócorit no se vende” y tienen razón, las propiedades solo las venden quienes así lo quieran, a buen precio pero, sin avances sustanciales en infraestructura, ni quien quiera comprarles.
Pensemos: ¿a quién le interesa que Cócorit no progrese y porqué causas? ¿Querrán entonces que como antes, quiten el pavimento de sus calles y esperemos a que a alguien se le ocurra, algún día, poner una horrorosa maquiladora para que los jóvenes tengan empleo? ¿o cómo?
Increíble el pensamiento retrógrado del caso de unos cuantos que cubren muy bien oscuros intereses.

Gracias



2 comentarios:

  1. Mi querido Becker...te leo y me remonto a mi historia y la de mi familia en ese mi Cócorit lindo. Yo también intenté comprar ese lugar, donde los dueños eran muchos hermanos y estaba intestado...afortunadamente, gente consciente y bienintencionada nos llamó para adquirir la casa que ahora tenemos a un precio para mortales...porque sabemos que no somos, ni seremos inmortales, menos dioses... (yo sí)... Amo ese lugar, me encanta su gente y sus almas peleoneras, todo se vuelve un desajuste cuando los apegos salen a relucir y los tomamos como verdades absolutas...es imposible detener un río...Ni Padrés pudo y puso un represo!!! La vida sigue su curso sin preguntar a nadie, sin pedir opinión y es de alto honor, como estamos siendo testigos del desarrollo de un pueblo. Me gusta tu nota ¿Me la prestas? Abrazos...vecino...jajajajaja. Atte. Conchita García

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  2. Querida hermosa: te presto todo lo que gustes si me cantas una canción. Besos vecina

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