lunes, 13 de noviembre de 2017

La derrumbada casa del PAN Sonora



No sé si les pueda contar bien a bien, una nebulosa historia, perdida en los detalles pero presente en la memoria en lo esencial, sobre algo que le escuché a mi papanino, y que ocurrió en su tierra natal, Yucatán.
Contaba sobre dos compadres, uno rico y el otro pobre y medio conchudo, esperando con ansias que su amigo, le ayudase a cambiar su destino económico.
El compadre pobre le pidió trabajo al rico, pero este le respondió que las labores en su hacienda eran desgastantes y agotadoras, y agregó; “yo lo aprecio mucho compadre, pero ese tipo de trabajo duro como que no se le da”.  Entonces éste, medio indignado porque indirectamente le dijeron flojo, apretó su sombrero entre las manos y sin pronunciar palabra hizo como que se retiraba.
No salía aún de la casa, cuando al compadre rico, arrepentido, lo regresó de la puerta.
A ver compadre, le pregunta sobre quien le había confeccionado esa hermosa guayabera que vestía.
-       No pues usted ya sabe que en la familia de su comadre, mi esposa, se les da esto de los huipiles y las guayaberas bordadas y tienen años vistiéndonos de lo que ellas misma cosen – respondió como medio atufado
Y fue ahí donde al compadre rico se le ocurrió algo: prestaría cierta cantidad de dinero, para que la familia pobre iniciara un negocio que podría sacarlos del apuro, con la mano de obra de las mujeres parientes de la comadre y con ella misma. Si este compadre no trabaja, pensó, pues que sus mujeres lo hagan por él. Serían socios, pues.
Un mes después, el compadre rico regresó a su casa luego del trabajo, y grande fue su sorpresa al descubrir que, en la fachada principal de su enorme casa, encontró colgados con clavos, decenas de guayaberas, huipiles, mantillas y demás, resguardados con un gran letrero que decía, “VENTA DE TÍPICA ROPA YUCATECA ORIGINAL”.
Como impulsado por un iracundo resorte, buscó al autor de tamaña osadía, descubriendo que, su comadre, las hijas, las tías y hasta la abuelita, bordaban otras prendas en la banqueta, mientras su compadre, sentado detrás de una destartalada caja de cobro, de esas con divisiones para monedas y billetes, vigilaba que varios clientes curiosos, no le fueran a robar.
-       Oye compadre – le dijo – yo te presté dinero para que iniciaras tu negocio, pero no te dije que lo pusieras en mi casa.
-       Ay compadre – le respondió con toda la concha del mundo -, como somos socios, decidí que el mejor lugar del pueblo para exhibir mis prendas y venderlas, es aquí en tu casa compadre….
El compadre rico, sin querer agraviar a su amigo, porque al final tenía parte de razón, buscó la manera de cambiar la situación y que su bella casa, no pareciera un tianguis. Buscó todas las maneras posibles de sacarlo de su casa, trató de apoyarlo con otro local, pero no pudo convencerlo.
Entonces cierta tarde, decidió que sus trabajadores de la hacienda, tendría trabajo extra durante la noche.
Al día siguiente, cuando el compadre llegó a instalar su vendimia, la casa de su compadre era otra. La pared principal, ya no existía.
El compadre entonces le reclama a su amigo: “Compadre, tiraste la pared, me echaste a perder el negocio”, le reclamó.
Entonces este, sin mucho aspaviento, le responde: “compadre, usted perdió solamente su negocio, yo, perdí mi casa”
Pues así parece el PAN Sonora, ni más ni menos, tiran la casa con tal de salirse con la suya.
Galván, apoyado desde el CEN, hará cualquier cosa con tal de salirse con la suya y ser candidato a Senador. Y si la salida de David Figueroa, de Gustavo de Unanue padre y de Célida López entre otros no le importa, y si piensa que luego del desastroso gobierno de Padrés está olvidado por la sociedad, pues, pronto, ni cimientos van a quedar, en su PAN.

Gracias



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